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Aquí no hay cortado ni se sirve café con leche

El café con leche es lenguaje universal en cualquier lugar, aunque no lo es tanto en las cafeterías de especialidad. De hecho, en la mayoría de estos nuevos lugares no existe como tal. No es que no haya, por supuesto, sino que hay nuevas variantes y se los suele conocer por su nombre original en italiano, país de tradición cafetera arraigada. En esencia es la combinación de café y leche, pero en diferentes proporciones, y según cada preparación podemos saber cuánto tiene de uno y cuánto de otra.

Lo esencial de una taza es el shot de café, es decir la base a partir de la que se preparan todas las bebidas. La medida exacta es el espresso, resultado de la combinación precisa de una cierta cantidad de café infusionada durante un puñado de segundos en la máquina. De origen tano, su nombre es la alusión a ese breve instante en el que se obtiene la esencia de los granos que la cafetería seleccionó. A partir de aquí sólo queda traducir: un espresso más largo será doppio, o doble, es decir dos shots de café. En este caso la diferencia con el americano, que también es más largo, es que este último se alarga agregando agua.

A la hora de la combinación con la leche tenemos en primer lugar la versión más ligera, el macchiato, que no significa otra cosa que “manchado” y se trata de un shot de café (o espresso) con espuma de leche. Para los que suelen aclarar “más leche que café” pueden pedir un latte. Sí, leche en italiano, simplemente porque completa toda una taza, que suele ser más grande que las demás.

Y si de rescatar los orígenes se trata, el capuccino descoloca por partida doble: no sólo porque se escribe con doble C, y no con CH, sino porque en su país de origen no lleva canela ni chocolate. Es solo un shot de café al que se le agrega leche y espuma de leche. De todos modos, a no alterarse: algunas cafeterías continúan la tradición argentina.

Finalmente tenemos una preparación exclusiva de las cafeterías de especialidad: el flat white. Es una combinación que viene de Australia y Nueva Zelanda, de ahí su nombre en inglés. Dos tercios de café y uno de leche para los que prefieren una versión más cargada del típico “mitad y mitad”. Es la versión preferida de los baristas para hacer el famoso arte latte: los dibujitos con los que decoran la superficie.

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